EL PROBLEMA CATALÁN (3)
b) La historia que nunca se explica.
A falta de descendientes, los principales aspirantes a suceder a Carlos II eran Felipe de Anjou, nieto de Lluís XIV y Maria Teresa de España (en virtud del matrimonio acordado en la paz de los Pirineo de 1659 para perpetuar y asegurar la “paz pública de la Cristiandad”) y el archiduque Carlos de Austria, hijo del emperador Leopoldo y de Mariana (hija de Felipe III).
La candidatura de Felipe contaba con el apoyo incondicional de su abuelo, Lluís XIV de Francia, mientras que la candidatura de Carlos era apoyada por Inglaterra, Holanda y, lógicamente, por Austria que compartían el temor a que la unión de Francia con España consolidara una hegemonía francesa en Europa que no deseaban.
A las postrimerías de la vida de Carlos II, las intrigas y maquinaciones de los partidarios de unos y otros fueron extraordinarias. El caso es que el rey, ya moribundo, a instancia del cardenal Portocarrero, firmó un testamento aceptando como heredero a Felipe en detrimento de las aspiraciones de Carlos cuyos partidarios tildaron el testamento de sospechoso desde el primer momento y se negaron a aceptarlo, al extremo de que el archiduque fue proclamado rey de España en Viena por los aliados (Inglaterra, Holanda y Austria) con el nombre de Carlos III y el emperador Leopoldo envió un memorial al Papa reivindicando la corona española para su hijo.
Muerto Carlos II, Felipe, de acuerdo con la voluntad discutida del difunto, fue coronado rey de España y por consejo de su abuelo Lluís XIV convocó las Cortes Catalanas en Barcelona. Durante las sesiones que tuvieron lugar entre el 12 de octubre de 1701 y el 14 de enero de 1702, Felipe recibió el juramento de las Cortes y, a su vez, juró las Constituciones y otros privilegios de Cataluña, dando permiso por primera vez a los catalanes para comerciar con América, de forma que la sucesión parecía haber quedado resuelta a plena satisfacción de todo el mundo. Ferran Soldevila, en su Historia de Cataluña (1962), recoge el testimonio del que fue virrey de Aragón, Melchor Rafael de Macanaz (1670-1760), según el cual “los catalanes consiguieron todo aquello que deseaban, porque ni a ellos los restó nada para pedir, ni al rey cosa especial para concederles, y así vinieron a ser más independientes del rey que no lo está el Parlamento de Inglaterra”.
Aceptado Felipe V como rey de Cataluña, los partidarios del archiduque no se resignaron y durante los primeros años de su reinado urdieron múltiples conspiraciones. Huelga decir que cada acción conspiratoria iba seguida de la correspondiente acción represiva hasta que, entre mayo y junio de 1705, la Plana de Vic (1) se levantó. El 20 de junio, Antoni de Peguera y Domènec Perera, apoderados de ocho nobles de Vic, firmaban en Génova con Mitford Crow, plenipotenciario de la reina Ana, un pacto para integrar Cataluña a los reinos aliados. En aquel pacto Inglaterra se constituía en garante del cumplimiento de las leyes y privilegios de Cataluña por parte de Carlos III, y los firmantes catalanes reconocían al archiduque como rey. Era el primer paso de la futura alianza de los catalanes contrarios a Felipe con las potencias que se habían propuesto contrarrestar la influencia francesa en Europa. Una apuesta arriesgada que había de comportar gravísimas consecuencias.
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(1) Actual comarca de Osona.
